lunes, 3 de diciembre de 2012

Diario 1. (18.o9.12)

Como nubes erguidas al Sol, de pájaros fugaces llenas y gotas recogidas de mares.
Árboles crecientes que pasan a mi vera; que, al son de las canciones, balancean mis noches.
Qué triste es el ocaso...
A la orilla del mar acumulo recuerdos, de risas o de llantos, qué mas da.
De prisas llené mis errores, de mentiras redimidas, del sonido de tambores, de tan pocas salidas.
Querida Luna que sale tarde, querida inocencia que siempre vale.

Cuerdas de guitarra enrredadas, vuelven loco al cuerdo.
Yo, ¿cuerdo? ¡Eso ni loco!
Déjame cantar un poco, que así, al menos, olvido los recuerdos.

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