Ese ardor en el pecho, de saber que todo lo hecho es alegría, ese sabor de pureza fría.
Recorrer tus mundos como el caballero que no teme al dragón, llegar a lo más profundo, anclarme en tu corazón.
De calles estrechas y carbonerías, así está hecha nuestra vida.
De risas, de bares, de canciones de juglares... ¡Todos locos!
Como tú y yo, como cada rincón que hayamos pisado, como el invierno y el verano, como un recuerdo de nuestro pasado.
¡Qué dulce eres amor, que me amas por mi propio ser, que sólo tú has sabido la verdad de lo que soy!
Y que tiemble la Luna y se escondan las estrellas, ¡que Sevilla entera sepa que sólo la quiero a ella!
No hay comentarios:
Publicar un comentario