lunes, 3 de diciembre de 2012

Diario 4. (21.o9.12)

Ese ardor en el pecho, de saber que todo lo hecho es alegría, ese sabor de pureza fría.
Recorrer tus mundos como el caballero que no teme al dragón, llegar a lo más profundo, anclarme en tu corazón.
De calles estrechas y carbonerías, así está hecha nuestra vida.
De risas, de bares, de canciones de juglares... ¡Todos locos!
Como tú y yo, como cada rincón que hayamos pisado, como el invierno y el verano, como un recuerdo de nuestro pasado.

¡Qué dulce eres amor, que me amas por mi propio ser, que sólo tú has sabido la verdad de lo que soy!

Y que tiemble la Luna y se escondan las estrellas, ¡que Sevilla entera sepa que sólo la quiero a ella!

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