Por el río cruzan veranos desolados, paseos a su orilla, besos de colgados.
Paredes que cuentan historias a sus ratones, graffitis en nuestros corazones.
Maldita indiferencia, ¿quién te disolviera?
Me carcomes la conciencia y te apoyo aunque no quiera.
Si escuchases a los locos, aunque sólo fuera un poco, te hablaría de locuras.
Y tú, más sorda que muda, me comerías el coco.
No pretendo ser perfecto, ni tampoco que me entiendas.
Ya te dije algo de esto... Que el perdón nada enmienda, ni hace lento lo presto.
Y te quiero, y te adoro, pero no toda luz es oro.
Ya no río más que lloro, qué dulce parece todo...
Pero qué invierno más frío me ha traído tu tesoro.
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