Hola, amor: dijo el alma al corazón.
Dijo el llanto en un rincón:
nadie te amará tanto como yo.
Respóndeme, ¿estás ahí? ¿estás?
Ven y sácame de aquí, venme a salvar,
a librarme de sufrir, a reir por no llorar.
No me sueltes, por favor.
Agárrate a mi ropa, inyéctame tu amor,
besa el filo de mi boca, no te lleves mi pasión.
Cielo, tan azul y tan bella,
tan cuerda y tan salvaje,
tan intensa y tan escueta.
No habrá nunca luz ni estrella,
ni hubo nunca en mi equipaje
tal dulzura en otros labios,
tal figura tan perfecta.
Y es por ti, amor, que me tiro de los pelos,
que me invaden tantos celos
que no sé a dónde mirar,
que has sembrado tanto anhelo
que me sobra respirar.
Dulce vida,
amarga melodía
que cura este joven pecho.
Dime, ¿Qué he hecho?
Si la amo cada día
mucho más que el anterior,
si le digo: ¡Vida mía,
tú serás mi salvación!
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