No es extraño que me sienta así. En unos segundos mi vida ha dado un giro teatral, de película.
A mi máximo apoyo, que es ella, la veo lo justo cada día, y yo la necesito a cada segundo.
Me he sentido como un niño pequeño al caerse. Primero se queda quieto, en shock. Después intenta asimilar qué ha pasado. Y, cuando lo asimila, llora.
La diferencia es que en mi caso un "Sana sanita" no sirve de mucho.
¿Quién soy yo? Sólo sé una triste historia, y al intentar saber más me la han jugado como al pobre Sócrates. Aunque no he sido yo mismo el que se ha bebido su veneno, más bien se me ha atragantado.
He aprendido a derrapar y a chochar con la pared.
Yo no tengo ningún problema en la cabeza, ni miento por gusto.
Miento por la verdad.
Por mi verdad.
¿Traición? Ninguna. De ti no he dicho nada, ni te he juzgado siquiera.
Tú sola te lo inventas todo en tu cabeza, sacas lo peor de mi. Cualquiera fuera de nuestro ámbito sabe que me encanta reir, pasarmelo bien y disfrutar.
¿Un monstruo? ¿Igual que él?
No. He aprendido demasiadas cosas en esta vida como parecerme a él.
Asúmelo, si tú no sales de tu caverna, de tu maldita idea de llevar siempre la razón, esto seguirá así.
No me gustaría que quien me dio la vida pensase que he venido para joderle la suya.
Ese pensamiento, por tu parte, es un hecho despiadado.
Niño perdido.
País de Yo Mismo A Solas.
21 de Noviembre de 2012.
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